Buscar
  • Dr. Paulo Ladeira

Pai desiste de lutar pela regulamentação de visitas de seu filho após alienação parental

Estimado José Manuel:


Hoy, hablando con mi madre, me he dado cuenta de que ha llegado el momento de dejar esta lucha por reencontrarme con mi primer hijo, con J.Mi madre, como te comenté hace días, está intentando hablar con mi hijo para que pasara el día de Navidad junto con toda la familia, se ha puesto al teléfono fono la colaboradora de su madre y le ha dicho que el niño se negaba a asistir a esta reunión. Esta señora argumentaba que el niño odiaba a su padre y que ella lo comprendía porque yo no me había comportado como tal. Está claro que ella le sigue metiendo odio y después, cara a la galería, quiere dar la imagen gen de buena. Creo que el resultado de la entrevista con él no ha sido positiva, al contrario, si le quedaba alguna duda de que su padre podía ser el culpable, se le ha disipado al pedirle perdón dón por mis errores, y le ha dado más fuerza a su madre si cabe al ser ella la que se había comportado correctamente y no yo.


Efectivamente él se ha hecho fuerte y ahora está castigando gando al culpable de su desdichada vida. Yo supuse que al salir el examen de la psicóloga del juzgado dándome la razón, las cosas iban a ir por otros derroteros, pero me equivoqué.


Quizás intentando decirle la verdad, no la otra verdad, sino la verdad cruda y dura, hubiera sido más efectivo porque, que, aunque se pudiera perder para siempre, no sería peor la situación que en la que me encuentro. De todas formas te agradezco de corazón todo lo que has hecho por mí, y gracias por el trato tan especial que me has dispensado. Te deseo lo mejor para el año que comienza.


Un abrazo muy fuerte de un buen amigo.


J.A.E.


La carta que acaba usted de leer fue escrita hace varios años y refleja los últimos intentos de un padre por recuperar a su hijo, así como su decisión final de desistir en la lucha. Si la he incluido aquí es porque refleja, en sus breves líneas, todo lo que hemos estado tratando en este libro: la separación de una pareja, el conflicto en el juzgado, la intervención de los Equipos Psicosociales, el hijo convertido en un pensador independiente, pendiente, la postura impotente de la madre, los sentimientos de culpa en el padre que, hasta el último momento, busca razones nes por cualquier lado para justificar qué ha pasado, la extensión sión de la animosidad a la familia extensa, etc. Intervine en el proceso legal al ser designado como Perito Psicólogo con la instrucción de mediar en el conflicto familiar, y así recuperar el contacto paterno-filial. Mi propuesta al Tribunal para resolver el asunto, tras la evaluación del proceso, las entrevistas y recogida gida de datos de todos los implicados, así como la celebración de distintas reuniones con ellos, fue que su estrategia de resolver ver el conflicto familiar a través de la mediación familiar era inútil, ya que había que considerar «el coste emocional que ello implica, no merecedor de mayores esfuerzos, debido al manifiesto fiesto Estado de Alineación Parental sufrido por el menor, contra tra el cual ninguna actuación profesional puede imponerse en las actuales circunstancias, al requerir primero un aislamiento inicial del origen de la fuente alienadora», recordando que «el desarrollo del rencor, el odio sin razón y sentido no es sino un valor más del que la educación emanante de los progenitores, tores, el entorno familiar de éstos, y la sociedad en general, es responsable, tanto por acción intencional como por consentimiento miento tácito, lamentándose, una vez más, que la sociedad en general, y la Norma Legal en concreto, premie y potencie el papel del progenitor como proveedor de alimentos, olvidando por completo que el principal rol que debe asumir es el de educador cador en los valores que sostienen los principios de convivencia y legales que nos gobiernan».


Quiero dedicar este último capítulo al momento en el que surge esta situación, la decisión del progenitor de abandonarlo todo, años de lucha legal y un ingente gasto emocional y económico. Un momento lleno de amarguras en tanto al dolor por perder a un hijo en vida, se suma habitualmente el reconocimiento cimiento - sin acción alguna que lo acompañe de los equipos adscritos al juzgado y el propio Tribunal - que el origen de todo está en la programación del hijo elaborada por el progenitor nitor custodio.


La sensación que habitualmente te trasladan estos progenitores tores es próxima a la que describen aquellos que han perdido a un ser querido y no han recuperado su cuerpo. Relatan un vacío, una ausencia, que muchos rellenan de culpas y reproches ches a sí mismo, mientras que, en el mejor de los casos, otros sencillamente se niegan a recordar. Siempre con el pájaro de la esperanza allá arriba, que mantiene el anhelo de que algún día las cosas pueden cambiar.


Existen multitud de razones que empujan a los seres humanos nos a tomar semejante decisión. La construcción de una nueva familia, con nuevos hijos a los que desean proteger de cualquier quier contacto con tan desagradable asunto, el agotamiento psicológico, el agotamiento económico, la inactividad o falta de resolución judicial, etc. Estoy seguro que detrás de cada decisión existe un drama íntimo y único, que nadie tiene derecho cho a valorar. Por ello, más que dejarse perder en lamentos, quisiera dar unas últimas orientaciones a aquellos que se vean en esta situación.


En el capítulo diez dejamos recogido que mantener el contacto, tacto, aun todos los entorpecimientos que nuestra relación paterno o materno filial recibiera, era la estrategia fundamental mental a seguir. Por otro lado estar siempre disponible para ello posee la ventaja de que permite que, en cuanto el hijo sea suficientemente independiente, tenga posibilidad de tener él la iniciativa de buscar al progenitor perdido. Esto es válido hasta en casos de SAP severo, en los que el hijo, ya mayor de edad o próximo a serlo, inicia tímidamente una aproximación ción a su progenitor. Esto es igualmente válido para cuando la decidimos romper. Las posibilidades de que un hijo descubra bra su situación, y con ello la manipulación a la que ha estado expuesto, son muy bajas. En mi vida profesional he asistido a dos reencuentros de hijos alienados que habían perdido la relación con sus progenitores y que, cuando son más independientes dientes y comparten cada vez menos tiempo con sus progenitores res alienadores, reinician la relación. En ambas situaciones el menor, aprovechando que el progenitor había dejado la puerta abierta, inició los encuentros, primero tímidamente, luego de modo más abierto. En ambos mantuvieron escondidos sus contactos, todo lo que pudieron, a su progenitor custodio y la familia extensa de éste. De este modo una nueva etapa surgió en sus vidas, profundizando en sus sentimientos y prolongándola dola en el tiempo todo lo que las circunstancias les permitieron. ron. Desgraciadamente uno de ellos, tras ser descubiertos los contactos con su padre, decidió suicidarse.


No considero que nadie pueda valorar la decisión de dejar de luchar y perder a un hijo más que el progenitor que la lleva a cabo. Pero sí tengo claro que sostener una vida centrada en la pérdida y la posibilidad de la vuelta es un gran error que seguro se verá acompañado de un gran coste psicológico. En los momentos de añoranza es mucho más sano recordar lo que fue, lo que quisimos crear, el papel de madre o padre que ejercimos, las gratificaciones que nos trajo, lo que enriqueció nuestras vidas, que revivir el drama de la ausencia. Es mucho más sano pararse en los momentos especiales que vivimos con nuestros hijos, sus primeros pasos, su primera sonrisa, y el papel que ahí ejercimos, que recordar los insultos con los que su madre o su padre le envenenó los sentimientos.


Tal vez algún día pueda entregarle los regalos que nunca llegaron, las cartas que quedaron sobre el escritorio, los abrazos zos de diez cumpleaños y mil buenas noches. Tal vez algún día pueda dejarle leer este libro.



"Caro José Manuel:


Hoje, conversando com minha mãe, percebi que chegou a hora de deixar essa luta para encontrar meu primeiro filho, com 'J'. Minha mãe, como mencionei dias atrás, está tentando conversar com meu filho para que no dia de Natal, junto com toda a família, a intermediadora de sua mãe telefonou para ela e disse que a criança se recusou a comparecer a esta reunião. Essa senhora argumentou que o menino odiava o pai e que ela o entendia porque eu não tinha me comportado como tal. É claro que ela continua encher de ódio a cabeça dele, e então, para ter uma imagem social decente, ela quer parecer gente do bem. Acho que o resultado da entrevista no processo com ele não foi positivo, pelo contrário, se ele tinha alguma dúvida de que seu pai poderia ser o culpado, ela foi dissipado pedindo desculpas pelos meus erros, e deu mais força à mãe dela, se possível, já que foi ela quem se comportou corretamente e não eu.


Na verdade, ele se tornou forte e agora está punindo o culpado de sua vida infeliz. Presumi que, quando o exame do psicólogo no processo saiu concordando comigo, as coisas estavam indo em outras direções, mas eu estava errado.


Talvez tentar dizer a ele a verdade, não a outra verdade, mas a verdade crua e dura, teria sido mais eficaz porque, mesmo que pudesse se perder para sempre, a situação não seria pior do que aquela em que me encontro. Em todo o caso, agradeço-lhe do fundo do coração tudo o que fez por mim e muito obrigado pelo tratamento especial que me dispensou. Desejo a você o melhor para o ano que começa.


Um abraço muito forte de um bom amigo.


J.A.E.'


A carta que você acabou de ler foi escrita há vários anos e reflete as últimas tentativas de um pai de reconquistar seu filho, bem como sua decisão final de desistir da luta. Se o incluí aqui, é porque reflete, em suas breves linhas, tudo de que tratamos neste livro: a separação de um casal, o conflito no tribunal, a intervenção das Equipes Psicossociais, o filho transformado em um pensador independente, a postura impotente da mãe, os sentimentos de culpa no pai que, até o último momento, procura razões de qualquer lado para justificar o que aconteceu, a extensão da animosidade à família extensa etc. Intervi no processo legal sendo nomeado Especialista Psicólogo com a instrução de mediar no conflito familiar e, assim, recuperar o contato parental-filial. Minha proposta ao Tribunal de Justiça para resolver a questão, após a avaliação do processo, as entrevistas e a coleta de dados de todos os envolvidos, bem como a realização de diversos encontros com eles, era que a estratégia deles de resolução vendo o conflito familiar através da Família, a mediação, foi inútil, pois foi necessário considerar "o custo emocional que isto implica, não merecendo maiores esforços, devido ao manifesto estado de alienação parental sofrido pelo menor, contra o qual nenhuma ação profissional pode ser imposta no circunstâncias atuais, ao exigir primeiro um isolamento inicial da origem da fonte alienante”, lembrando que “o desenvolvimento do ressentimento, do ódio sem razão e sem sentido é apenas um valor a mais do que a educação emanada dos pais, do ambiente familiar destes , e a sociedade em geral, é responsável, tanto por ação intencional quanto por consentimento tácito, lamentando, mais uma vez, que a sociedade a idade em geral, e a Norma Legal em particular, premeiem e valorizem o papel do progenitor como provedor de alimentos, esquecendo-se por completo que o principal papel a ser assumido é o de educador nos valores que sustentam os princípios legais e de convivência que nos governam.


Quero dedicar este último capítulo ao momento em que surge essa situação, a decisão do pai de abandonar tudo, anos de luta jurídica e um enorme gasto emocional e financeiro. A um momento carregado de amargura pela dor de perder um filho em vida, costuma-se acrescentar o reconhecimento de fundamento - sem nenhuma ação que o acompanhe das equipes designadas ao tribunal e do próprio Tribunal - de que a origem de tudo está na programação da criança preparada pelo pai ou responsável.


A sensação que esses pais costumam transmitir a você é semelhante à descrita por aqueles que perderam um ente querido e não recuperaram o corpo. Eles relatam um vazio, uma ausência, que muitos enchem de culpa e reprovação para si mesmos, enquanto, no melhor dos casos, outros simplesmente se recusam a lembrar. Sempre com o pássaro da esperança lá em cima, que guarda a saudade de que um dia as coisas possam mudar.


Existem muitos motivos que levam os seres humanos a tomar essa decisão. A construção de uma nova família, com novos filhos que pretendem proteger de qualquer contato com um assunto tão desagradável, o esgotamento psicológico, esgotamento econômico, inatividade ou falta de resolução judicial, etc. Tenho certeza de que por trás de cada decisão existe um drama íntimo e único que ninguém tem o direito de valorizar. Por isso, em vez de ficar perdido em remorsos, gostaria de dar algumas orientações finais para aqueles que se encontram nesta situação.


No capítulo dez deixamos coletado que manter contato, mesmo apesar de todos os obstáculos que nossa relação filial paterna ou materna recebeu, era a estratégia mental fundamental a seguir. Por outro lado, estar sempre disponível para isso tem a vantagem de, desde que a criança seja suficientemente independente, estimular a criança a te iniciativa de procurar o genitor perdido. Isso é válido mesmo em casos de SAP grave, em que a criança, já maior de idade ou perto de ter um, inicia timidamente uma abordagem ao pai. Isso é igualmente verdadeiro para quando decidimos quebrá-lo. As chances de uma criança descobrir sua situação e, com ela, a manipulação a que foi exposta são muito baixas. Na minha vida profissional, presenciei dois reencontros de crianças alienadas que perderam o relacionamento com os pais e que, quando são independentes e passam cada vez menos tempo com os pais alienadores, reiniciam o relacionamento. Em ambas as situações, o menor, aproveitando-se do fato de o pai ter deixado a porta aberta, inicia os encontros, primeiro timidamente, depois mais abertamente. Em ambos, eles mantiveram seus contatos escondidos, tanto quanto puderam, de seu pai e sua família. Desta forma, uma nova etapa surgiu em suas vidas, aprofundando seus sentimentos e prolongando-os no tempo enquanto as circunstâncias o permitissem. Infelizmente um deles, depois de descobertos os contatos com seu pai, decidiu suicidar-se.


Não acredito que alguém possa valorizar mais a decisão de parar de lutar e perder um filho do que o pai que a leva a cabo. Mas tenho certeza de que sustentar uma vida focada na perda e na possibilidade de retorno é um grande erro que certamente virá acompanhado de um grande custo psicológico. Nos momentos de saudade, é muito mais saudável lembrar o que foi, o que queríamos criar, o papel de mãe ou pai que exercemos, as recompensas que nos trouxe, o que enriqueceu nossas vidas, do que reviver o drama da ausência. É muito mais saudável parar nos momentos especiais que vivemos com nossos filhos, seus primeiros passos, seu primeiro sorriso e o papel que desempenhamos ali, do que lembrar os insultos com os quais sua mãe ou pai envenenou seus sentimentos.


Quem sabe um dia você possa dar a ele os presentes que nunca chegaram, as cartas que ficaram na mesa, os abraços de dez anos e as mil boas-noites. Talvez um dia você possa deixar de ler este livro."


Epílogo do altamente recomendo livro abaixo:


Jose Manuel Aguilar Cuenca. SAP. Síndrome de Alienación Parental (Sociedad actual) (Spanish Edition) (Locais do Kindle 1926-1971). Edição do Kindle.

Posts recentes

Ver tudo